En los últimos días, me he vuelto más atento y algo cauteloso, si lo ponemos en otros términos podríamos decir que también chismoso, de hecho es más esa sensación tan humana “de duda” que nos inquieta a conocer lo que está más allá de nuestras narices.
Es por ello que últimamente cuando recibo un correo ( que generalmente son sobre el cierre de Hotmail, sobre contestar una encuesta para el doctorado de un primo de un conocido del novio del amigo que vive en el otro extremo del mundo, o en el peor de los casos una presentación de Power Point sobre ositos y maricadas como tales) soy bien curioso y miro a quién más ese contacto ha enviado ese mismo mensaje, y sin lugar a dudas me he asombrado en más de una ocasión.
Para ponerlo en términos prácticos, el 4 de marzo del año en curso, a las 21:29:22, Rico* (un arrocito en bajo para unos, un fuck buddie para otros) me envió un mensaje a mi correo de hotmail informándome del inminente cierre de esta cuenta de Correo y de la importancia de tener un ícono azul para que esta teleológica situación no ocurriera.
Y aunque ese hecho yo ya no me lo creo, mi espíritu de “enrrulado” me impulsó para ver qué otras personas también habían sido destinatarios de tal absurdo mensaje… Al mirar se notaban que los correos tenían nombres “muy cachondos”, “superfluos”, poco serios… llámelo como quiera, para mi psicóloga sería “puro nombre de correo de perreo”. Así seguí, mirando mirando cuando Ohh sorpresa, si más me voy de jeta… ¡Andrés (mi mejor amigo del colegio) también había recibido ese mensaje!
En segunda instancia está Julián* (un tipo que conocí en ManHunt, con el que hablé por messenger y no más) quien envía un mensaje solicitando cordialmente el completar una encuesta virtual que va a servir como herramienta para el trabajo de posgrado de un familiar; de nuevo, al mirar quien más había recibido tal mensaje, noté el correo de Mauricio*, un tipo que había conocido a través de una red social.. En momentos como estos es cuando uno dice “Ehh , pero qué chiquito es este cochino mundo”
Y para terminar quiero presentarles el caso de Sebastián* un conocido de la universidad y “amigo” de Facebook, quien para una fecha especial (concretamente para la navidad del año pasado) etiquetó en una imágen a media Bogotá-Gay (y eso que en las fotos de esta red social se pueden etiquetar máximo 50 personas), lo más bárbaro además de los comentarios, fue saber que Sebastián conocía y tenía en su facebook como amigo a uno de mis mayores amores platónicos, a Juan*.
Y es en lapsos como estos en los que uno se da cuenta que nos conocemos entre todos, pero a la vez no conocemos a nadie, particularmente me siento un poco vulnerable, pero al mismo tiempo quiero sentirme observado, es una dicotomía bien ridícula que me invade y espero que no se vaya con el caer de las hojas, ni con el cambio bisexual del clima en nuestra ciudad Capital, en donde llueve media hora y hace sol la otra media.
*Ese asterisco después de cada nombre propio quiere decir que no es nombre real de esa persona (lo pongo así para darle estatus a la entrada)
